Abrazo entre comunismo y libre mercado (etapas del crecimiento). Hacia un mundo global sano.

La gran fragmentación del ser humano nos ha llevado a separar totalidades en partes, a alienarlas y a hacerlas irreconciliables. Blanco y negro, derecha e izquierda, arriba y abajo, comunista capitalista, cuerpo y mente. De ahí que en nuestro día a día, seamos capaces de, con unas pocas etiquetas, hacernos una idea, equivocada claro está, de las personas con las que nos encontramos. Nos hemos convertido en etiquetadores profesionales. Y no sólo de nuestros semejantes, sino también, del medio que nos rodea. Menospreciamos lo mucho y bueno que pueden ofrecernos los demás por la simple razón de que ya los hemos etiquetado.

En un abrir y cerrar de ojos nos hemos cargado toda la gama de matices que hacen a cada individuo un ser único e irrepetible. Nos hemos delimitado, poniéndonos fronteras a nosotros mismos y a los demás. Hemos cerrado las puertas a cualquier avance interno como externo. Tanto individual como colectivo. Hemos levantado los muros y no dejamos que nadie entre. De ahí la dificultad de encontrar nuevas vías de entendimiento, cambio de paradigmas, resolución de problemas, en definitiva; de evolucionar de una forma sana, y en última instancia; ser más felices.

No creo, como se habrán dado cuenta, en los dualismos, es más, todo forma parte de una totalidad. La cual, por mucho que nos queramos aferrar al polo que más nos guste, el otro, seguirá existiendo. Es más, aferrarnos a un extremo es la máxima prueba de que el otro también existe. Para ser un anti sistema primero hay que formar parte del sistema. Lo cual los hace inseparables, dos caras de una misma moneda. El uno no existiría sin el otro. Para estar casado, primero hay que estar soltero. Por ello cuando alguien, muy equivocadamente, me define como anti sistema le digo que como mucho “asistema”. Ya ven, alguien ha puesto las fronteras; cualquier diálogo con los que están en el otro bando será considerado un ataque y una grave ofensa.

Con todo ello, me declaro librepensador y por lo tanto me desmarco de toda etiqueta, aunque la enfermedad es tan grave que de vez en cuando también caigo en la trampa. Los psicólogos evolutivos ya hablan de esas delimitaciones que nos hacemos a una muy temprana edad, ponemos barreras a lo que no nos gusta, lo reprimimos y lo escondemos debajo de la alfombra de nuestra conciencia. Creando de esta forma una inmensa sombra que nos producirá graves trastornos físicos como sicológicos. Trastornos que como veremos más adelante también se han dado y se están dando en nuestras enfermas sociedades.

En cuanto al tema principal, y esto será una primera aproximación al asunto, todo este rollo de las polaridades, de etiquetar y amurallar nuestras percepciones e ideas del mundo que nos rodea, me lleva a ese rechinar, ese mal sabor de boca que siempre me dejan esas largas discusiones sobre capitalismo libre mercado-comunismo. Hace poco alguien hablaba muy inconscientemente de dirigirse hacia un modelo comunista. Así de sopetón y sin ningún tipo de aclaración ni matiz es algo que me asusta. Llevamos atascados en la discusión demasiados años, y todo porque nos hemos atrincherado en una de las dos posturas y nos hemos olvidado del contexto, y todavía más importante; de los matices. Hemos perdido la perspectiva del asunto.

Y todo ello debido a esa manía de ver las cosas como sucesos independientes, y no como una totalidad. Recomiendo encarecidamente, y no me canso de hacerlo, leer la obra de Ken Wilber. Pueden empezar por Breve historia de todas las cosas. En ella, entre otras muchas teorías, nos hace un fácil y ameno acercamiento a su gran teoría de los cuatro cuadrantes. La forma más refinada, bella y sencilla de hacer aquello que Edward de Bono llamaba pensamiento lateral, o lo que Buda denominaba Vipassana. Ver la realidad con totalidad. En cuanto a limitaciones y fronteras mentales, su obra La conciencia sin fronteras, no tiene desperdicio. Que decir de Lao Tsé y su Tao Te Ching, obra que cada día que pasa va teniendo más sentido. Como dijo Chuang Tsé, otro gran taoísta:

Así, quienes dicen que quisieran tener lo justo sin su concepto correlativo, lo injusto, o el buen gobierno sin el suyo, el desgobierno, no captan los grandes principios del universo ni la naturaleza de toda creación. Lo mismo sería hablar de la existencia del Cielo sin la de la Tierra, o del principio negativo sin el positivo, cosa claramente imposible. Sin embargo, las gentes siguen discutiendo de esto sin cesar; gentes así deben de ser tontas o bellacas.

Mi idea es que el comunismo como el libre mercado no son ni buenos ni malos, es más, utilizados en su justa medida y cogiendo lo mejor de ellos pueden ser y son, según mi opinión, fundamentales para una correcta evolución planetaria. Son niveles, peldaños fundamentales para que nuestra evolución social e individual lleguen a buen puerto. Al igual que la correcta madurez de una persona pasa por haber tenido una niñez, infancia y pubertad sana. Lo mismo ocurre, en mi opinión, con las formas de gobierno. Y no es algo homogéneo, cada territorio, nación, tiene su propio ritmo evolutivo. De ahí el gran fracaso de la globalización.

Me explico, y para hacerlo más ameno, resumo lo más posible sin pretender caer en la estupidez. Vamos a ello (piensen que las mejores teorías son aquellas que dan lugar al debate y conducen a otras mejores. No caigamos en el dogma).

Según Abraham Maslow y centrándonos en su jerarquía de las necesidades, todo ser humano para autorrealizarse y dar todo su potencial creativo y humano deberá tener unas necesidades, unos mínimos garantizados… Volvamos rápidamente a Marx, ya saben que Marx dijo muchas veces que él no se consideraba marxista, algo que seguramente le pasaría al Buda, Jesús el Cristo y tantos otros. Etiquetas, ya saben; olvídense de las etiquetas. El comunismo, hablando muy genéricamente y sin entrar en disquisiciones filosóficas muy alejadas del pensamiento de la calle. Pues algo muy comunista, muy común a todos los seres humanos, es sin duda la necesidad imperiosa de meterse algo en la boca para comer, y no pido que me lleven en helicóptero al Bulli como Montilla. Por otro lado; un poquito menos necesario pero no mucho menos, tenemos la necesidad de un techo, un lugar en el cual cobijarnos del frío y del calor. Creo que la mayoría de constituciones hablan sobre algo de una vivienda digna. Vamos que no es necesario, de momento, aspirar al chalet de la Esteban (Perdonen la ironía).

Todo este despliegue de comunismo sano sería fundamental para que los ciudadanos de un estado pudieran desarrollarse en buenas condiciones. Y sin duda dar el paso al siguiente nivel evolutivo; el libre mercado (no el último ni mucho menos). Porque todas las personas que no hayan pasado este primer paso evolutivo. Pongamos por caso, en España 9 millones de personas en el umbral de la pobreza, no podrán competir. Se verán relegadas, apartadas de esa competencia individual, que es el libre mercado. Y a nivel mundial más de mil millones de ciudadanos se encuentran en esas circunstancias, las cuales ni por asomo pueden entrar en ese juego narcisista e individualista, pero necesario, que es el libre mercado (más adelante explicaré este matiz). Sin contar a todas esas personas que dependen de un mísero sueldo y trabajo precario, el cual necesitan para poder tener asegurado ese alimento y esa vivienda. Algo que le obliga a subsistir y a aceptar cualquier cosa para seguir manteniéndose a flote. Tampoco creo que estas personas, que son la gran mayoría de la población, ni de lejos hayan dado todo su potencial a esta sociedad. Nunca en esas condiciones. Y no nos olvidemos de los parados.

Por lo tanto, tenemos un libre mercado que quiere que todos compitamos en la Champions League de la existencia, pero mientras unos bien alimentados; tienen los mejores entrenadores y estadios de fútbol, los otros, mal alimentados, tienen que jugar descalzos, dar patadas a un balón hecho de restos de trapos y desperdicios y encima ser competitivos. Todo un contrasentido. Por lo tanto; quedan excluidos y olvidados por el gran libre mercado. Por lo tanto, sin esa primera condición, la del alimento, no somos nada; ni competitivos, ni humanos ni mucho menos creativos. Nuestro proyecto de vida no existe. Si no alimentamos al bebé todo lo demás ya no tiene sentido. Mientras tanto podemos seguir jugando al monopoly.

Así tenemos un libre mercado que acaba convirtiéndose en una mala caricatura de sí mismo y degenerando, como hemos visto en las últimas décadas, en una patología social, dando forma al tan dañino neoliberalismo, en el mejor de los casos, y al neoconservadurismo en el peor, ya saben, los neocon. Lo cual he acabado por llamarlo cultura del libre egoísmo. Egoísmo que no sería tan dañino, es más, necesario si antes tuviéramos las necesidades básicas de todo individuo garantizadas.

Porque el ego, el sano -el que integra a la persona(máscara) y a la sombra- eso que algunos talibanes del new age repudian, es sin lugar a dudas requisito fundamental para tener una personalidad sana, una cognición desarrollada y sobre todo , es primordial para trascenderlo y alcanzar una conciencia superior que además de ponerse en el lugar de mi etnia, nación, sea capaz de derribar sus muros y abrazar otras realidades, tonalidades, pero no en el sentido de uniformar como equivocadamente hizo el comunismo, sino para llegar a reconocer, en palabras de Ken Wilber, la unidad en la diversidad, y tener así en cuenta tanto los factores comunes que compartimos como las diferencias que nos enriquecen. Y a partir de ahí, de forma natural surgirá otro modelo. Modelo que se basará en la cooperación y no en la competencia.

El camino es largo, los errores mayúsculos, mirar o volver al pasado sería un suicidio. Pero utilizar lo mejor de estos sistemas, buscar el equilibrio, es en mi opinión, el único camino. Cualquier teoría que aspire a menos, que busque limitarnos, etiquetarnos y enfrentarnos deberá ser merecedora de nuestra más sincera crítica.

Abramos la mente.

Paz para todos.

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